Exhalar aire

Proceso de exhalación

Al inhalar (inspirar), el aire entra en los pulmones y el oxígeno del aire pasa de los pulmones a la sangre. Al mismo tiempo, el dióxido de carbono, un gas de desecho, pasa de la sangre a los pulmones y se exhala (espirar). Este proceso se denomina intercambio de gases y es esencial para la vida.
Además de los pulmones, el sistema respiratorio incluye la tráquea, los músculos de la pared torácica y el diafragma, los vasos sanguíneos y los tejidos que hacen posible la respiración y el intercambio de gases. El cerebro controla la frecuencia respiratoria (la rapidez o la lentitud con que se respira), detectando la necesidad de oxígeno y de dióxido de carbono del organismo.
Los pulmones están situados a cada lado del corazón, dentro de la cavidad torácica. El pulmón derecho está dividido en tres lóbulos (secciones) y el izquierdo en dos. El pulmón izquierdo es ligeramente más pequeño que el derecho, ya que el corazón ocupa parte del espacio del lado izquierdo. Al inspirar, el aire entra en las vías respiratorias y desciende hasta los alvéolos (sacos de aire) de los pulmones. Aquí es donde tiene lugar el intercambio de gases.

Definir la exhalación

Todas las criaturas aeróbicas necesitan oxígeno para la respiración celular, que utiliza el oxígeno para descomponer los alimentos para obtener energía y produce dióxido de carbono como producto de desecho. La respiración, o “respiración externa”, lleva el aire a los pulmones, donde el intercambio de gases tiene lugar en los alvéolos por difusión. El sistema circulatorio del cuerpo transporta estos gases hacia y desde las células, donde tiene lugar la “respiración celular”[1][2].
La respiración de todos los vertebrados con pulmones consiste en ciclos repetitivos de inhalación y exhalación a través de un sistema muy ramificado de tubos o vías respiratorias que van desde la nariz hasta los alvéolos[3]. El número de ciclos respiratorios por minuto es la frecuencia respiratoria, y es uno de los cuatro signos vitales primarios de la vida[4]. En condiciones normales, la profundidad y la frecuencia de la respiración están controladas automáticamente, y de forma inconsciente, por varios mecanismos homeostáticos que mantienen constantes las presiones parciales de dióxido de carbono y oxígeno en la sangre arterial. El mantenimiento de la presión parcial de dióxido de carbono en la sangre arterial sin cambios en una amplia variedad de circunstancias fisiológicas, contribuye significativamente al control estricto del pH de los fluidos extracelulares (ECF). El exceso de respiración (hiperventilación) y la falta de respiración (hipoventilación), que disminuyen y aumentan la presión parcial arterial del dióxido de carbono respectivamente, provocan un aumento del pH del ECF en el primer caso, y un descenso del pH en el segundo. Ambos provocan síntomas angustiosos.

¿cuánto dióxido de carbono hay en el aire exhalado?

La respiración diafragmática, o respiración profunda, es la que se realiza contrayendo el diafragma, un músculo situado horizontalmente entre la cavidad torácica y la abdominal. El aire entra en los pulmones cuando el diafragma se contrae con fuerza, pero a diferencia de lo que ocurre durante la respiración relajada tradicional (eupnea), los músculos intercostales del tórax realizan un trabajo mínimo en este proceso. El vientre también se expande durante este tipo de respiración para dejar espacio a la contracción del diafragma. [1]
Según el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa, “el 12,7 por ciento de los adultos estadounidenses [han] utilizado ejercicios de respiración profunda… con fines de salud”,[2] que describe de la siguiente manera: “La respiración profunda consiste en inhalar lenta y profundamente por la nariz, normalmente hasta contar 10, seguido de una exhalación lenta y completa hasta contar lo mismo. El proceso puede repetirse de 5 a 10 veces, varias veces al día”[3].
Según el Centro de Asesoramiento y Salud Mental de la Universidad de Texas, “la respiración diafragmática permite realizar respiraciones normales y maximizar la cantidad de oxígeno que llega al torrente sanguíneo. Es una forma de interrumpir la respuesta de “lucha o huida” y desencadenar la respuesta normal de relajación del cuerpo”[4].

Inhalación y exhalación

Al inhalar (inspirar), el aire entra en los pulmones y el oxígeno del aire pasa de los pulmones a la sangre. Al mismo tiempo, el dióxido de carbono, un gas de desecho, pasa de la sangre a los pulmones y se exhala (espira). Este proceso se denomina intercambio de gases y es esencial para la vida.
Además de los pulmones, el sistema respiratorio incluye la tráquea, los músculos de la pared torácica y el diafragma, los vasos sanguíneos y los tejidos que hacen posible la respiración y el intercambio de gases. El cerebro controla la frecuencia respiratoria (la rapidez o la lentitud con que se respira), detectando la necesidad de oxígeno y de dióxido de carbono del organismo.
Los pulmones están situados a cada lado del corazón, dentro de la cavidad torácica. El pulmón derecho está dividido en tres lóbulos (secciones) y el izquierdo en dos. El pulmón izquierdo es ligeramente más pequeño que el derecho, ya que el corazón ocupa parte del espacio del lado izquierdo. Al inspirar, el aire entra en las vías respiratorias y desciende hasta los alvéolos (sacos de aire) de los pulmones. Aquí es donde tiene lugar el intercambio de gases.