Las rodillas

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La rótula, también conocida como rótula, es un hueso triangular plano y redondeado que se articula con el fémur (hueso del muslo) y cubre y protege la superficie articular anterior de la articulación de la rodilla. La rótula se encuentra en muchos tetrápodos, como los ratones, los gatos, las aves y los perros, pero no en las ballenas ni en la mayoría de los reptiles.
La rótula es un hueso sesamoideo de forma aproximadamente triangular, con el vértice de la rótula hacia abajo. El vértice es la parte más inferior de la rótula. Tiene forma puntiaguda y sirve de unión al ligamento rotuliano.
Las superficies anterior y posterior están unidas por un margen fino y hacia el centro por un margen más grueso[1] El tendón del músculo cuádriceps femoral se une a la base de la rótula,[1] con el músculo vasto intermedio que se une a la propia base, y el vasto lateral y el vasto medial se unen a los bordes lateral y medial de la rótula respectivamente.
El tercio superior de la cara anterior de la rótula es grueso, aplanado y rugoso, y sirve para la fijación del tendón del cuádriceps y a menudo presenta exostosis. El tercio medio presenta numerosos canalículos vasculares. El tercio inferior culmina en el ápice que sirve de origen al ligamento rotuliano[1] La superficie posterior se divide en dos partes[1].

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En los seres humanos y otros primates, la rodilla une el muslo con la pierna y consta de dos articulaciones: una entre el fémur y la tibia (articulación tibiofemoral), y otra entre el fémur y la rótula (articulación patelofemoral)[1] Es la articulación más grande del cuerpo humano[2] La rodilla es una articulación de bisagra modificada, que permite la flexión y la extensión, así como una ligera rotación interna y externa. La rodilla es vulnerable a las lesiones y al desarrollo de la artrosis.
La rodilla es una articulación de bisagra modificada, un tipo de articulación sinovial, que se compone de tres compartimentos funcionales: la articulación patelofemoral, formada por la rótula y el surco patelar en la parte delantera del fémur por el que se desliza; y las articulaciones tibiofemorales medial y lateral que unen el fémur, o hueso del muslo, con la tibia, el hueso principal de la parte inferior de la pierna. [6] La articulación está bañada por líquido sinovial que se encuentra dentro de la membrana sinovial llamada cápsula articular. La esquina posterolateral de la rodilla es una zona que recientemente ha sido objeto de un renovado escrutinio e investigación[7].

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La artritis es la inflamación de una o varias articulaciones. El dolor, la hinchazón y la rigidez son los principales síntomas de la artritis. Esta enfermedad puede afectar a cualquier articulación del cuerpo, pero es especialmente frecuente en la rodilla.
La rodilla es la articulación más grande y fuerte del cuerpo. Está formada por el extremo inferior del fémur (hueso del muslo), el extremo superior de la tibia (hueso de la espinilla) y la rótula. Los extremos de los tres huesos que forman la articulación de la rodilla están cubiertos de cartílago articular, una sustancia lisa y resbaladiza que protege y amortigua los huesos al doblar y enderezar la rodilla.
La artrosis es la forma más común de artritis en la rodilla. Es un tipo de artritis degenerativa, de “desgaste”, que se da con mayor frecuencia en personas de 50 años o más, aunque también puede darse en personas más jóvenes.
En la artrosis, el cartílago de la articulación de la rodilla se desgasta gradualmente. A medida que el cartílago se desgasta, se vuelve deshilachado y áspero, y el espacio de protección entre los huesos disminuye. Esto puede dar lugar a que el hueso roce con el hueso, y producir espolones óseos dolorosos.

Pierna

Las articulaciones de todo el mundo pasan por un ciclo normal de daños y reparaciones durante su vida, pero a veces el proceso del cuerpo para reparar nuestras articulaciones puede causar cambios en su forma o estructura. Cuando estos cambios se producen en una o varias articulaciones, se habla de artrosis.
Los extremos de nuestros huesos están cubiertos por una superficie lisa y resbaladiza, conocida como cartílago. Esto permite que los huesos se muevan unos contra otros sin fricción y protege la articulación de la tensión.
La rodilla también tiene otros dos anillos de un tipo diferente de cartílago conocidos como meniscos, que ayudan a repartir el peso de manera uniforme en la articulación de la rodilla, y también hay cartílago debajo de la rótula.
La artrosis hace que el cartílago de la articulación de la rodilla se diluya y que las superficies de la articulación se vuelvan más ásperas, lo que significa que la rodilla no se mueve tan suavemente como debería, y puede sentirse dolorosa y rígida.
Si tiene artrosis de rodilla, probablemente sentirá que la rodilla le duele y está rígida a veces. Es posible que sólo afecte a una rodilla, sobre todo si se ha lesionado en el pasado, o puede tenerla en ambas. El dolor puede empeorar al final del día, o cuando mueves la rodilla, y puede mejorar cuando descansas. Es posible que tengas algo de rigidez por la mañana, pero no suele durar más de media hora.